El lugar donde las voces se convierten en comunidad
Donde las voces se convierten en comunidad
Por el Dr. Wagner Pástor
El mayor regalo de la música es que despierta miradas llenas de alegría, abre corazones y nos recuerda que nuestros mayores logros nacen de la solidaridad. Una sola voz puede inspirar, pero muchas voces unidas pueden transformar vidas e incluso contribuir a construir un mundo más armonioso.
Mientras AGMA celebra su 90.º aniversario, me siento profundamente agradecido de pertenecer a un sindicato que encarna estos mismos ideales. Desde que me uní a AGMA en 2022, durante mi participación con la Cincinnati Opera, he experimentado la fortaleza de una comunidad que protege a los artistas, valora nuestro trabajo y nos recuerda que ninguno de nosotros alcanza el éxito por sí solo.
La música fue mi primera experiencia de solidaridad. Cada Navidad, al caminar con mi familia bajo las luces centelleantes mientras las canciones de esperanza llenaban las calles, sentía un profundo sentido de pertenencia. Mucho antes de comprender el significado de la palabra *solidaridad*, la música ya me había enseñado su esencia.
Un coro es, quizás, el mejor ejemplo de solidaridad que existe. Los cantantes respiran juntos, se escuchan mutuamente y confían unos en otros. Aunque disfruto profundamente cantar como solista, nada se compara con la experiencia de cantar en un coro. Cada voz aporta algo único y, al unirse, creamos un sonido que ninguna persona podría lograr por sí sola.
Dos experiencias marcaron profundamente mi formación como artista.
La primera ocurrió cuando fui estudiante de intercambio en la Universidad de Idaho, donde canté con el Vandaleers Chamber Choir bajo la dirección del Dr. Michael Murphy. Interpretar *La Creación de Haydn y, más tarde, cantar en el Carnegie Hall transformó mi manera de comprender la música.
La segunda tuvo lugar en Ecuador, donde me desempeñé como profesor de canto del Coro VOSU, un ensamble integrado por cantantes con discapacidad visual dirigido por Juan Carlos Velazco. Muchos de sus integrantes se ganaban la vida cantando en las calles; sin embargo, llegaban a cada ensayo con un compromiso, una gratitud y una alegría extraordinarios. Juntos ofrecimos conciertos en hogares de adultos mayores, escuelas y junto a la Orquesta Sinfónica del Ecuador.
Ambas experiencias me enseñaron que la música no debería reconocer la riqueza, el estatus social, la raza ni la capacidad física. Debería reconocer únicamente el valor de compartir nuestra humanidad.
Son muchas las lecciones que han guiado mi carrera. Ya sea actuando como cantante profesional o fundando un Coro de Repertorio Hispano en Indiana para celebrar la música coral en español, siempre he procurado crear oportunidades para los demás a través de la música. Creo firmemente que toda voz tiene valor y que cada cantante merece formar parte de la armonía.
Durante 90 años, AGMA ha hecho posible esa armonía al proteger a los artistas y fortalecer la comunidad que construimos juntos.